El maestro del Barroco: Diego de Silva y Velázquez

El barroco se enmarca en el siglo XVII un periodo de gran inestabilidad en áreas como la política o la economía. Sin embargo, en el ámbito artístico España vivió una de las épocas de mayor esplendor y que pasaría a la historia como Siglo de Oro. El arte proliferó gracias a la fascinación europea por la cultura española dando a grandes referentes de múltiples disciplinas como Miguel de Cervantes, Quevedo, Góngora o Lope de Vega en la literatura o Velázquez, José de Ribera, Salzillo en pintura y escultura.

Las pinturas barrocas españolas poseen unas propiedades que las diferencian significativamente de las producidas en el periodo anterior. Siguiendo la línea del resto de países europeos, los pintores españoles adquieren un gusto por el realismo y el naturalismo muy alejados el canon idílico renacentista.

El niño cojo (El patizambo), José de Ribera
El niño cojo, José de Ribera. Fuente: Wikipedia

Las cortes reales se rodeaban de personas con diferencias notables para aumentar la sensación de superioridad. Los autores logran proveer de humanidad a los personajes retratados sin tener en cuenta su condición. José de Ribera fue un gran referente en este ámbito creando obras como El niño cojo, también llamado El pie varo o El patizambo que presentan gran atención al detalle, y tratan rasgos como las diferencias físicas o mentales con gran dignidad. También se pueden destacar cuadros del pintor apodado El españoleto como La mujer Barbuda u obras eclesiásticas como El martirio de San Felipe

La composición de las pinturas también adquiere un tinte más dinámico rompiendo con la rigidez clásica gracias al empleo de diagonales y formas asimétricas. La variedad en cuanto a la paleta de colores es otro factor determinante que, si bien en muchos casos era oscura por la influencia del tenebrismo, aporta gran dramatismo a las escenas reflejadas.

Los principales motivos de los cuadros eran religiosos ya que la Iglesia, como principal mecenas del arte, es la encargada de imponer los temas para que, haciendo las veces de propaganda, sirviera a la contrarreforma. No obstante, obras de diversas temáticas como bodegones, retratos o fábulas paganas han trascendido en igual medida debido a los encargos de los nobles. La temática mitológica era más polémico por los frecuentes desnudos por ello solo se ven en escasos frescos y pocos encargos nobles.

La pintura en el Barroco se dividió por escuelas. Las más destacadas fueron Toledo, conectado a la figura de El Greco; Valencia, con José de Ribera o Francisco ribalta precursor del tenebrismo español; Andalucía, unido a Francisco Pacheco (suegro y mentor de Velázquez), Murillo y Zurbarán; y en la escuela madrileña sobresale Diego Velázquez como pintor de la corte.

La sagrada familia del pajarito, Murillo
La sagrada familia del pajarito, Murillo. Fuente: Museo del Prado

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez fue un pintor andaluz de nacimiento que en palabras de Pérez Sánchez “es quizá y para siempre, la imagen más perfecta del puto pintor, es decir, de quien dotado de una retina portentosa, posee además la mano infalible que detiene la realidad suspensa en un instante de vida fulgurante.” Su figura ha llegado a ser universal no sin motivo, es uno de los pocos pintores en lograr la perspectiva aérea, como se puede apreciar en Las meninas o Las hilanderas.

Velázquez es por excelencia el representante del barroco. En él confluye el arte, tanto español como italiano, gracias a sus múltiples viajes. En su primera etapa se deja llevar por la moda tenebrista procedente de Italia y crea los que serán los primeros cuadros de una larga carrera artística.

La vieja friendo huevos, uno de ellos, es un óleo sobre lienzo caracterizado por su naturalismo tenebrista. Hace uso de un solo foco de luz que incide en la mujer que da nombre a la obra. Trata un tema cotidiano con modelos altamente realistas como se puede apreciar en las arrugas de las manos de la señora. Los colores predominantes son el betún y el rojo tierra que dan vida a los personajes y aportan una calidad extraordinaria a los utensilios.

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La vieja friendo huevos, Diego Velázquez. Fuente: Wikipedia

Su segunda etapa comienza con su viaje a Madrid. Gracias a la mediación del conde-duque de olivares, es contratado para la realizar un retrato del rey Felipe IV y en 1604 consigue convertirse en pintor de cámara. De este periodo destacan de entre sus obras El triunfo de Baco “Los borrachos” y La fragua de Vulcano.

El triunfo de Baco es su primera incursión en la pintura mitológica, tema que repetiría en la fragua. En ambas obras se aprecia como Velázquez es proveer de realismo a un tema que carece de él. El centro del cuadro es el hombre que está siendo coronado por Baco, dios del vino. De éste emergen las diagonales que forman una equis y son las que confieren movimiento a la obra. El autor juega con la iluminación centrándola casi por completo en el dios. Por otro lado se encuentran los humanos que parecen sacados de cualquier calle de la época alejándose de cualquier rasgo idealizado.

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El triunfo de Baco “Los borrachos”, Diego Velázquez. Fuente: Museo del Prado

El mismo trato recibe La fragua de vulcano que, de no ser por el dios Apolo coronado con un halo y rodeado de luz, parecería una obra realista. En la escena se muestra el momento en que Apolo le comunica al dios Vulcano que su esposa Venus está siendo infiel con Marte. Tanto Vulcano como los demás cíclopes son representados como hombres normales trabajando en la herrería, iluminados tan solo por el resplandor de Apolo, el de la chimenea y por el metal incandescente. El aspecto más reseñable es el gran estudio de la anatomía masculina realizada por Velázquez. El herrero que da la espalda al espectador se asemeja a las estatuas de los héroes clásicos griegos mientras que el trabajador de la armadura se inclina sobre la misma contorsionando su cuerpo.

La fragua de Vulcano, Velázquez
La fragua de Vulcano, Diego Velázquez. Fuente: Museo del Prado

Tras su salida y posterior regreso a Madrid comienza la tercera etapa del pintor. La obra por excelencia de esta fase y en la que aplica las técnicas aprendidas en su viaje a Italia es La rendición de Breda “Las lanzas”. Este óleo es el de mayor tamaño realizado por el artista. En él se plasma el instante en el se produce la toma de Breda después de la batalla de la Guerra de Flandes. Este momento se encuadra dentro de la guerra de los 30 años que acabaría con la independencia de los Países Bajos y la derrota española.

Gracias a la posición de algunos personajes, Velázquez intenta convertir al espectador en partícipe de sus obras, esto lo logra colocándolos de espaldas. El centro de la pintura se encuentran Ambrosio Spínola y Justino Nassau firmando la rendición. Los desastres de la guerra son insinuados por los focos de humo situados en el plano más alejado. El cuadro está dominado por la simetría y todo el cuadro se construye en base a dos rectángulos. La técnica empleada en cuando a las pinceladas no es uniforme ya que el autor se adapta al material para darle mayor naturalismo.

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La rendición de Breda “Las lanzas”, Diego Velázquez. Fuente: Museo del Prado

La venus del espejo, Las meninas y Las hilanderas son las obras cumbre de su tercera y última etapa.

Las meninas es la obra por antonomasia de Velázquez y que es el culmen de la perspectiva aérea. Este óleo sobre lienzo ha influido en pintores posteriores como Goya o Picasso por su gran creación ambiental. Los focos de luz se sitúan a la derecha, a través de la ventana, y algunos secundarios. Gracias a esto el autor consigue una perfecta profundidad en una habitación cerrada. Las pinceladas tan variadas que consigue captar a la perfección el pelaje del perro o la vaporosidad de los vestidos y cabellos de las jóvenes.

La pintura es un retrato de la infanta Margarita de Austria, no obstante, en el espejo se ven reflejados a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, por lo que la escena representa a Velázquez, situado junto al lienzo, pintando un retrato de los monarcas. Junto a la infanta, sus damas, le hacen reverencias y le ofrecen diversos manjares. La paleta que sujeta el autorretratado cuenta con los mismos colores utilizados en la creación del propio cuadro.

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Las meninas, Diego Velázquez. Fuente: Museo del Prado

Junto con Las meninas junto con Las hilanderas suponen el culmen del estilo velazqueño. La escena muestra un taller, en el que se desarrolla la alegoría de las Parcas representando la fábula de Aracne. Ésta era una joven conocida por la calidad de su trabajo como tejedora, que decidió retar a Atenea. La mujer que da la espalda al espectador sería la encarnación de Aracne. Atenea por el contrario estaría representada por la ancia que a la izquierda se afana por superar a su competidora. Esto se deduce al ver que la suavidad de su pierna no concuerda con la edad del rostro. Al fondo se puede apreciar el desenlace de la fábula en la que una Atenea en todo su esplendor castiga a Aracne a tejer eternamente convertida en Araña.

La fábula de aracne (Las hilanderas), Velázquez
La fábula de Aracne “Las hilanderas”, Diego Velázquez. Fuente: Museo del Prado

El barroco fue un periodo de mucha abundancia artística y ha dotado a la historia española de algunos de los mejores artistas del mundo.


Fuentes:

Anguita Herrador, R. (2004). El arte Barroco español. Madrid: Ediciones encuentro

Armán, J. M y Dufour, A (Dirs). (2013). Memoria de España: La decadencia del Siglo de Oro [documental]. RTVE. Recuperado el 2018/03/01

Arte historia Recuperado el 2018/03/01

El Museo del Prado Recuperado el 2018/03/01

Pérez Sánchez, A.E. (s.f). Velázquez y su arte Recuperado el 2018/03/01

 

Un comentario en “El maestro del Barroco: Diego de Silva y Velázquez

  1. Pingback: Crisis económico-política del Siglo de Oro – Historia del arte español

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